Poemario

Perfiles

Una catarsis de poemas escritos a lo largo de los años, algunos creados para ser cantados, otros como meros juegos florales, todos ellos testimonio existencial de un camino recorrido.

A Marisol, a Gema y a Sara;
todo un mundo…

POEMAS

Cuando el hombre se dio cuenta
de que había seres inefables
inventó la poesía
A doña Martina

Seguidillas

No sé cómo ni cuándo
te has acercado
pero a mi dios cupido
le has despertado.

De la aljaba ha cogido
saetas de oro,
mientras él te dispara
yo me enamoro.

Tienes luna en la cara,
sol en el pelo
y en tus ojos de niña
se mira el cielo.

Se mira el cielo, niña,
con ojos grandes
e inventa suaves brisas
para abrazarte.

Se entretiene en tus labios,
en tu cintura,
y en los perfiles curvos
de tu hermosura.

Se cuelga en los hechizos
de tu sonrisa,
salpicando tu cuerpo
con sus caricias.

Yo, porque estoy celoso,
quiero ser viento
y penetrar mis ráfagas
hasta tu adentro.

Cogeré con mi boca
tu escalofrío
y correrá mi cuerpo
temblor de río.

Me quedaré fundido
en tu mirada
y sumido en silencio,
en paz, en nada...

Los vencejos

Han llegado los vencejos
por los trigales,
con sus cuchillos de pluma
cortando el aire.

Se han colgado en los aleros
chillando a pares,
pregonando sus amores
por todo el valle.

En el patio de la escuela
los escolares
sueñan con alas de pájaro
para escaparse.

Las enamoradas miran
por los cristales
sintiendo la primavera
fresca en su sangre.

—¡Ya han llegado los vencejos;
míralos, madre,
hilvanando la veleta
con hilos de aire!—

Por los álamos del río
viene la tarde
y los vencejos la beben
en espirales.

El pueblo cierra los ojos
de sus cristales.
Mañana vendrán, en bandos,
a despertarle.

Dime:

— ¿Por qué te vas, alondra, de mis campos?
— Porque me falta aurora, jardinero,
y cuando aspiro el aire de la loma
presiento primavera en otros huertos.

— ¿Por qué te vas, gaviota, de mi vela?
— Porque me falta brisa, marinero,
y cuando sobrevuelo tus estelas
me embriagan melodías de otros puertos.

— ¿Por qué te vas, cigüeña, de mi torre?
— Porque ya no hay campanas, campanero,
y cuando pirueteo por el aire
adivino latidos de otros pueblos.

— ¿Por qué te vas, pasión, de mis pasiones?
— Porque ya no hay cadenas, carcelero
y ahora quiero batir mis suaves alas
por los anchos azules de otros cielos.

Alborada

Madrugo con el alba
por si te veo.
Tu casa está cerrada,
grita el silencio.

Luego se abre la puerta,
veo tu cara;
pliegues en tus vestidos,
viento en mi alma.

Te cruzo con mis ojos,
tú, ni me miras.
Pasión ensangrentada,
calle encendida.

Rebotan mis anhelos
en tu postigo.
Azul es la mañana;
negro, el olvido.

No quiero que me encuentren
beldando penas.
Soledades dolientes,
muda alameda.

Tú no tienes la culpa
de mis pesares.
Preciosa es la osadía,
roja la sangre.

PAISAJES

Me encantaría
dar un paseo contigo
por el cielo
A Beatriz

Paisaje

Como emulando a Saturno
el gallo de la veleta
con su pico duro y frío
va tragando las estrellas.

Hace la rueda a los vientos
con metálica grandeza
pero le negó Cupido
el dulce temblor de flecha,
por eso sigue en la torre
condenado a la condena
de ver sufrir a su gente
sin poder sufrir con ella.

No es un caudillo de nadie
ni tiene voz de profeta,
ni es trovador de pasiones
ni juglar de antiguas gestas.

Él preside su paisaje
y en silencio lo contempla
clavando los espolones
en su atalaya de piedra:
Por el Sur se aleja el río
a regar mejores tierras;
al Poniente, el cementerio;
en el Levante, la escuela;
y dominando el paisaje,
en el Norte está la iglesia.

A ras de tierra, las calles
y en las calles, gentes viejas...
Llevan luto por el cuerpo,
y por el alma tristeza.

Los chopos rasgan el aire
batiendo sus hojas secas,
y los labradores salen
llevando la aurora a cuestas,
y con la noche a la espalda
por el encinar se alejan....
capas barriendo caminos
con charol en la cabeza;
capas bailando maitines,
unas, verdes; otras, negras.

Ensueño

Anoche la he soñado
peinando los cipreses,
mimando con su túnica
la tierra que seré.
Me desperté temblando
y, al encontrar tu cuerpo,
me quedé como un niño
y, en silencio, lloré.

Las lágrimas de nada
amargaron mi sangre;
en todos los relojes
se gastaron las tres;
mi infancia de campanas
estaba agonizando
y, abrazado a tu cuerpo,
por no llorar, lloré.

Ilusión

Alcé mis manos hacia una sombra,
No encontré nada, sólo un afán.

En el crepúsculo de media tarde
busqué unos labios en un rosal;
estaba a punto ya de besarlos...
pero jugaban al ven y va.

En la colina moría un rayo...
pero al seguirlo se tornó afán.

Afán que habita en aquella sombra,
en mi colina, en mi rosal...

Improperios

I

¡Luna de enero que buscas
consuelo en un camposanto!
—¿A que no me dejas solo
con mi pena y con mi canto...?—
Porque buscas y no encuentras
te vas por el río abajo
sola, con tu soledad,
sin querer amar y amando.

Ponle cuernos de creciente
a este silencio de mármol
y nos vamos monte arriba,
monte arriba, de la mano.
Por desgracia o por desgracia
siempre he sido desgraciado,
pero, por suerte, mis penas
siempre las lloro cantando.
Por eso desde su noche
la luna me está buscando
para venirse conmigo
monte arriba..., río abajo...

II

Ciudad que muerdes el luto
de la noche silenciosa
con ventanas amarillas
y sonrisas de giocondas.

Pasaré por tu veleta
cuando la luna esté sola
y dejaré en tus postigos
una cruz con sangre roja.
Pende el hierro de Damocles
del metal de pocas horas
y sigues mordiendo el luto
de la noche silenciosa.

Roma, noviembre del 69

III

¡Baja, dragón infernal!
y despierta a los humanos
que amenazan con sus manos
el paraíso terrenal.

El paraíso perdido
en el que dicen que un día
dominaba la armonía,
caos en cosmos confundido.

Un hombre y una mujer,
¡ay, cruel necesidad!,
usando la libertad
se empeñaron en comer
de la fruta prohibida,
y pasó lo que pasó:
la armonía se rompió
y esta vida ya no es vida.

¡Hambre!, motor de la historia,
hambre de pan, de placer,
de aparentar y de ser,
hambre de lujo y de gloria.

¡Dragón de siete cabezas!,
tus formidables rugidos
anonadan los sentidos
y obnubilan las certezas.

Dale ya paso al cordero
que, enarbolando una cruz,
rasga el cielo con la luz
que ilumina el orbe entero.

Y que vean los humanos
que su entorno es de cristal,
y que si lo usamos mal
se quebrará en nuestras manos.

Otoño al galope

Montando el corcel del viento
viene el otoño al galope
por las rastrojeras pardas
y por los caminos ocres.
Va vistiendo los paisajes
con los despojos de flores
y desnudando los árboles
con cromáticos acordes;
antes de abrazar el pueblo
y de suscitar rumores.

Mezcla temblor de perfumes
con aromas de bordones.
Y se sube al campanario
y se arroja por las torres
y se enrosca en la veleta
y se aleja por los montes,
pintando por los ribazos
zarzamoras de colores
robados en el crepúsculo
que abigarra el horizonte.

Las mujeres ya no salen
a animar los carasoles
pues les ha robado el tiempo
el tictac de sus labores.
Se agrupan los estorninos
anunciando migraciones…
Y se afufan las cigüeñas
y se quedan los gorriones
raseando los corrales
y jugando a los ladrones.

Las campanas de la ermita
se tragan sus oraciones
añorando sacristanes
que repicaron mil sones.

Y el otoño, envuelto en luna
se estrella en los arreboles.

Relojes muertos

Son las once en mi reloj,
Silencio.
Son las once en todos los relojes,
Monotonía.

Tiempo gris, relojes muertos,
campanas mudas y rotas y tristes;
el tiempo no cambia,
mi vida no cambia,
casi no puede cambiar.

Añoranza

Un cementerio amarillo
se oculta entre los pinares.
Pasa el tren. La noche está
cenicienta en los trigales.

Por la pendiente golpea
un latido de metal,
mi corazón dolorido,
prisionero en él se va.

Asomado a mi ventana
recuerdo un amanecer
en que el tren me iba acercando
los besos de una mujer.

En una estación sin nombre
la encontraba jubilosa
y se acunaba en mis brazos,
virginal y temblorosa.

Entre suspiro y suspiro
crecía el amor primero.
Nadie nos quiso advertir
que el amor es pasajero.

Vino con la primavera
en brazos de un viejo tren.
Fue hermoso mientras crecía
y doloroso después.

Nacieron junto a sus flores
abrojos de orgullo y celos,
y en el ardor del estío
se marchitaron sus pétalos.

Me he quedado sin amores
y sin besos de estación.
Desolado por las lágrimas
envejece el corazón.

Hasta mi ventana llega
un latido de metal.
Aquella pasión, vacía,
con él se viene y se va.

Duque de Ahumada, Octubre de 1971, Medina del Campo.

Otoño

Manos de nubes plomizas
acechan tras la montaña.

Una brisa suave mueve
las hojas. Tiemblan los chopos.
Se hacen silencio los pájaros
en el sauce del jardín.

Los pinos se desperezan
en el parque solitario
huérfano ya de escolares.
En su regazo la brisa
se resuelve en ventolera.

Y las calles van dejando
sus penas por los portales.

Vuelan despojos urbanos
en brazos del viento airado.

Las veletas enloquecen
y con sus brujas impares
barren aire ensangrentado.

La noche se precipita
sobre el pueblo. Huele a húmedo.

¡Llueve! La tierra sonríe.
Enmudece la veleta.

Impresiones

Como el otoño te desnudo, lento.
Mis hojas acarician tus rincones
con dedos encendidos.

Mis suspiros recorren tus colinas,
se duermen en tus valles,
fatigan palmo a palmo tus llanuras.

En tus cimas disfrutan mis sentidos
oteando matices,
palpando aromas,
trenzando melodías...,
y sueño.

En tu monte divino me diluyo;
concentro mis pasiones en tus vértices
para sentirte toda:
suave, como la brisa en los trigales;
tersa, como el azul de la mañana,
fugaz, como luna perseguida.

Y en círculos concéntricos palpitan
suspiros de dioses sibaritas.

Amanece

Amanece en el cielo de mi infancia.

Los vencejos saludan los cristales
de la mañana.

Sobre el verde fugaz de los pinares
se pasea la niebla algodonada.

Los álamos arrancan los maitines
de la nostalgia
a la brisa que sube por el río
salmodiando oraciones y romanzas.

Subidos a la torre de la iglesia
los gorriones, antífonas plumadas,
exhiben a los ojos de mil dioses
lujuriosas paradas.

Es hora de sumarse a lo Infinito.

No puedo ser feliz

No puedo ser feliz, aunque lo finja,
Si tú no estás.

Si tú no estás…
Busco tus ojos cuando me despierto,
Tu aliento cuando me anonado…
Y susurro tu nombre.

Si es primavera bajo hasta mis rosas
A compensar tu ausencia,
A buscarte en sus pétalos,
A libar flores con mis mariposas.
Y si es otoño asperjo con la lluvia
Desilusiones.

Si tú no estás…
Galopan mis ijares mil espuelas
Y espío en las esquinas.

Quisiera columpiarme por tu cielo
Con nubes arrobadas,
Con gaviotas de seda que recortan
zafiros y cristales,
Y quisiera pasearte de la mano,
hecho accidente tuyo o tu sustancia.

Tu presencia, aún fugaz
Abre mis poros a beso adolescente,
robado en el perfil de alguna esquina,
Y presuroso, allá, en tus oquedades.

Después me fertilizas como lluvia
Que impregna los regazos de los valles
Con caricias de savia.

Tu mirar es sereno, si dominas;
penetrante, si activas tus potencias;
azaroso, adivino, si me miras.
Y de tus ojos perseguidos fluye
el amor por un hilo misterioso
hilvanado con hurto del olimpo.

Y no quiero exponerte a las miradas
de belleza envidiosas.

Un mar de heridas

No sé si fue verdad o fue quimera
Pero sentí tu voz necesitada:

En tu estancia vi cielos despoblados
Y en tus ojos, estrellas apagadas;
En tus labios, las ascuas de una hoguera
Y en tu rostro, la sombra de una máscara;
En tu cuello, vestigios del pasado
Y en tus dientes, el rictus de la rabia;
En tus pechos cerezas que intimidan,
Y en tu regazo, el hueco de la nada;
En tu vientre, desiertos sin oasis
Y en tus ingles, cenizas abrasadas;

…Y, cuando, sin hablar, nos despedimos,
Llevaba un mar de heridas a mi espalda.

Ocaso

El rumor de los montes se hace grito
al acercarse al pueblo fragmentado
en sombras otoñales.
Lloran los arrabales
amontonando pena sobre pena.

Los efluvios del sur llegan heridos
por puñales urbanos,
y levantan las manos
a un cielo de colores extinguidos.

Siluetas de metal acechan, mudas,
las esquinas de hogares despoblados.
Enlutadas pasean sus nostalgias
con ritmos tropezados,
las que antaño ritmaban sus cantares
con juegos escolares.

La soledad golpea las ventanas
entreabiertas a imágenes fantasmas.

Caminos

Me desperté aún de noche. Amanecía.
La aurora un nuevo sueño disipaba
con cuchillos de luz.
Mi mente zozobraba entre caminos
surgidos de la noche.

Anhelando susurros matinales
vigilaba la ausencia.
Un apetito ciego me incitaba
tras ventanas de noche evanescente.
Nada de nada.
Busqué entre sombras de recuerdos vanos
una ilusión. Huían mis fantasmas.
Quise sentir sobre el teclado inmóvil;
distraídos, mis duendes aún dormían.
Reposaba el saber en los estantes...

Salí a la calle, estaba silenciosa,
pura oquedad de pájaro y campana.

Era un eco de miles de siluetas
que pasaban autómatas en brazos
de nirvanas enjutos y dolientes:
ni disfrutan miradas de horizonte,
ni padecen nostalgias de crepúsculo.
Han perdido el timón de las estrellas.

Salí al campo. Faltaban los vencejos.
Los caminos se han vuelto cenicientos,
Los paisajes, desiertos y pajizos,
Los horizontes, borrosos e infinitos.
Y lloraba...y lloré llanto de nada.

RETRATOS

Quisiera que el cielo
Fuese mi infancia,
tal y como la recuerdo.
A Elisa

Existencia A mis Lares

Entre muros de adobe y sobre humilde cuna,
En un pueblo dejado de la mano de dios,
descubrió aquel regalo que la diosa fortuna
le asignó en la partida apostada entre dos.

Lo fue desenvolviendo con los cinco sentidos.
La admiración traía a su grupa experiencia,
y cuando analizó los datos reunidos
descubrió que el regalo se llamaba Existencia.

A disfrutar de todo comenzó sin demora
y, sin notarlo apenas, se le escapó la infancia;
apurando los bienes del cuerno de Pandora
los fue perdiendo todos, excepto la esperanza.

Perdió la adolescencia en locos devaneos....
perdió la juventud en sueños imposibles....
atisbó el paraíso en leves parpadeos
pero se le escapaba en trozos invisibles.

Perdió la fe y, con ella, el favor de sus lares;
perdió el atrevimiento de soñar utopías,
trocó dulces amores en amargos pesares
y al final se encontró con las manos vacías.

Y cuando la tristeza, de vejez disfrazada,
le arrancó la esperanza y en su hogar se hospedó,
aceptó, de buen grado, los brazos de la Nada.
Y en la paz de su lecho, estoico, la esperó.

Piano de las tardes estivales A don Leoncio

Piano de las tardes estivales
que sembrabas sosiego en la abadía
armonizando con tu melodía
hondas pasiones y arduos ideales.

Latido de pulsiones de metales
labrados con primor de orfebrería
en los dedos de un dios que sonreía
con hoyuelos de risas celestiales.

Devuélveme en tus brazos armoniosos
aquellas virginales sensaciones
que el error o la edad prostituyeron.

...Se han quedado tus valles silenciosos,
en tus muros no laten ya canciones,
sin tu rumor, los pájaros se fueron.

Noviembre

Esta tarde he visto a una mujer,
al viejo cementerio iba a llorar,
llevaba de la mano un niño.
Un ropón de luto hasta los pies,
un velo ceniciento por su faz
y un mar dentro de su corazón.

Iba a hablar con un muerto
y vivir un ayer.

Allí, bajo la sombra de un ciprés,
dirige su mirada con dolor
a aquella cruz que ya tanto ha besado;
el niño caminaba sin hablar
mirando hacia unas rosas que llevaba
en sus manos.
Las besó con ternura
y en la cruz las dejó.

Esta tarde he visto a una mujer
de espaldas a un sombrío cipresal
con su mirar colgado en las montañas.
Mañana por la tarde volverá
despacio por las huellas que dejaron
sus lágrimas.

Su dolor no es tan grande
al pensar en su amor.

La abuela

I

En las noches de invierno,
a la luz de un candil,
iba hilando la abuela
su copo sin fin.
Torpemente sus dedos,
vueltas y vueltas dando
al huso, poco a poco
la lana iban trenzando,
a la vez que trenzaba
los recuerdos que antaño
eran sólo ilusiones
y hoy, sólo desengaños.

Y sus labios hablaban
de tiempos anteriores
y yo le preguntaba
que si fueron peores.
Contestaba que no.
Le decía: —¿Por qué?—
Me miraba a los ojos,
respondía: —No sé—.
Y la luz del hogar
dibujaba en su piel
cicatrices de penas
y amarguras de hiel.

II

Antes de ir a la cama
me enseñaba a rezar
oraciones en verso
que me hacían soñar
en un mundo de magia,
de cera y cristal,
en barbas de santones
y rabos de satán.

Y sus ojos cansados
me seguían mirando
y yo le preguntaba
que si estaba rezando.
Contestaba que no.
Le decía: —¿Por qué?—
Me miraba a los ojos,
Respondía: —No sé—.
Y la luz de su hogar
dibujaba en su piel
cicatrices de pena
y amarguras de hiel.

Poncio Pilato

Se lavaba las manos con mueca indiferente
sabiendo que aquel hombre era un hombre inocente
que habían condenado la traición de un amigo
y las maquinaciones de muchos enemigos
que, desde que saliera de tierras galileas,
minaron su camino con trampas saduceas.

Tenía en su presencia a aquel joven rabino
que andaba predicando por pueblos y caminos
doctrinas trascendentes de esenios eremitas
que, además, renegaban del yugo imperialista;

...Y ahora le parecía un pobre desgraciado
a quien su buena suerte le había abandonado....

Sus amigos de Roma estaban expectantes
por las graves noticias sobre el rabino errante
que agitaba las masas con aires de divino,
incitando a las gentes a cambiar sus destinos.

Algunos le decían: —¡Poncio, ve con cuidado!—
pero él era un político y estaba maniatado.

...Y por fin, aquel hombre del que tanto se hablaba,
estaba en su presencia y, prudente, callaba.

Cuando el procurador le invitó a defenderse,
habló de metafísicas un tanto impertinente.

Un soldado de Poncio le dio una bofetada
y él le espetó un dilema con voz apasionada:
«Si he hablado mal, demuéstralo, si no, ¿por qué me pegas?»
...y todos se rieron entre mofas y befas.

Y Pilatos, sabiendo que era un hombre inocente,
se lavaba las manos con mueca indiferente.

Samaritana

Sentada en un brocal, como Narciso
estaba una mujer samaritana
vigilando los puntos cardinales…
buscando agua.

El agua era un pretexto
para poder saciar la sed del alma.

Buscaba remolinos de horizonte,
huellas perdidas de viejos fantasmas,
principitos de cuentos infantiles…
Besos de nada.

La veleta de sus espejos cóncavos
brujuleaba.
Con los últimos rayos de la tarde
el polvo del camino
se concretaba,
pero antes de llegar hasta su pozo,
la fuerza del crepúsculo,
lo disipaba.

El sacristán

Un sacristán toca a las diez
una campana a ritmo lento.
Va a comenzar la procesión,
el cura entona un kirieeleison.

Los más devotos del lugar
cogen en andas al patrón
y cuando advierten la señal
salen rezando una canción.

Los monaguillos van detrás
latineando entre el incienso;
llevan ciriales en las manos,
brujuleando contra el viento.

Las viejas viven santidad
al sisear una oración,
atan sus manos con rosarios
y eso les da más devoción.

Desde la iglesia al arrabal
vienen rezando letanías,
miran al cielo con fervor,
le hacen al santo rogativas.

Se han terminado los oficios,
no queda ya ni un filigrés.
Despide el cura a las beatas
bisbiseando un santiamén.

…Y la campana de la iglesia
se ha sumergido en el silencio.
Ya terminó la procesión;
ya ha terminado el kirieeleison…

Un pescador

Era un amanecer de primavera.
Él preparó sus redes y se fue,
dejó, mirando atrás, sobre la arena,
con mueca de tristeza a una mujer…

Era un atardecer de primavera,
el cielo de amenaza se vistió,
el aire se alió con la galerna
y el hombre aquella tarde no volvió.

Sonaron las sirenas en el puerto,
salieron a buscar al pescador
y al apuntar el sol vieron el cuerpo
que el mar sobre sus olas devolvió.

Era un atardecer de primavera,
la campana del puerto repicó,
y en una humilde cruz del cementerio
descansan las coronas de un adiós.

Fantasmas

Hay fantasmas que desgarran
mañanas de primavera
sobre una piel que dibuja
sombras de toro y de sol.

Hay orates que predican
esgrimiendo navajazos
sobre púlpitos preñados
de soberbia y de rencor.

Y hay disfraces que aniquilan
bajo boinas sin cabezas
y secuestran las palabras
con silencios de dolor.

Pero ya viene la aurora
saludando a las veletas
y lancea las tinieblas
que la noche vomitó.

Te acordarás de mí

Desde hoy mi vida será
recordar lo que he vivido,
pero nunca olvidarás
lo mucho que te he querido....

....Y te acordarás de mí
cuando esté la noche fría
y recorrerán tu cuerpo
ríos de melancolía.

No te cansas de añorar
tus juguetes infantiles,
creo que te harás mujer
huérfana de mis jardines.

Volverá otra primavera
envuelta en galas de amor,
pero seguirán ardiendo
las ascuas de esta pasión.

Te tentará una serpiente
con lujuriosas manzanas
y perderás el edén
entre sonrisas amargas.

Jugarás a la evasión
de oníricos aquelarres,
pero al alba volverás
a contarme tus pesares.

Y te acordarás de mí
cuando esté la luna llena
y entonces comprenderás
que eran suaves mis cadenas.

Sensaciones

En el nudo gordiano de la vida,
cuando todo en tu ser es cenital,
a veces te imagino ensimismada
en los remansos de tus osadías
y otras veces, fugaz y bulliciosa,
en las cascadas de tu timidez.

Te imagino mimando las colinas
o rota en el estanque en mil pedazos;
no puedo prescindir de tus presencias.

Tus ausencias me saben a ceniza,
es tu pelo regazo de suspiros
y tu boca brocal de abrevadero.

En tu cuello se miran cisnes blancos
que hieren el azul de mis pupilas
y me arrojas el mar de tu silueta
sobre los campos tristes de mi piel.

Me hechizan tus perfiles cuando invades
el eje tropical de mi mirada
que ruboriza todos tus rincones
al sentir en tus pliegues mi pasión.
Y pregonas la luz de tu presencia
clareando el manantial de mis desvelos.

Te derramas entera por tu cara
y apenas si me roza una sonrisa..

Aquel segundo A Marimar

Recuerdo aquella cara adolescente
eludiendo el ardor de mis miradas
cuando el azar, guiado por la mano
del amigo común nos presentaba.

Te habían mencionado mis amigos:
ya estabas en mi altar entronizada…
y aquel encuentro se grabó en mi mente
con el fuego y el hierro de tu marca.

No pude eternizar aquel segundo
en que un temblor fugaz me atravesara
cuando acerqué mi beso a tu mejilla
y anegó tu sonrisa mis palabras,
pero puedo jurar que algunas veces
lanza cupido flechas de su aljaba
con un dulce veneno que cautiva,
que hiere, que embelesa, que anonada.

Consejas

I

Niña, que por las tardes
sales al huerto,
teme que en el otoño
te lleve el viento.

Niña, que en la corriente
miras tu cara,
teme que en primavera
te lleve el agua.

Mira que te lo digo
porque te quiero,
porque el agua y el aire
nunca están quietos.

II

Niña, que hablas al novio
por la ventana,
guárdale tu secreto
para mañana.

Niña, que a pedir novio
te vas a misa,
mira a ver si lo encuentras
a la salida.

Y si en casa te obligan
dile a tu madre
que de santos y novios
nunca se sabe.

III

Niña, si a ver la trilla
vas a la era,
no hables con ese mozo
que la da vueltas;

porque todos los hombres
no sé que tienen
que comienzan hablando
y no se detienen.

IV

Niña, que te entretienes
por las esquinas,
cuida bien lo que dices
a las vecinas.

Porque lo que pretenden
es enterarse
de algo que les dé pie
para criticarte.

Mira que te lo digo
porque te quiero.
Escucha atentamente
estos consejos.

CANCIONES

No puedo ser feliz
porque tengo un sueño
imposible.
A Alicia

Canción

Esos ojitos verdes
me vuelven loco.
Cuando me miro en ellos
me sabe a poco.

Me mata tu presencia
si estás conmigo
y si no estoy contigo
me muero por tu ausencia.

¿Quién eres tú que tengo que buscarte
perdida entre deixis y metáforas?

¿Ésta, con quien camino por la vida,
desde una fecha en un revés grabada,
que construye mi mundo en sus sentidos,
que comparte mi casa?

¿Esa que espío sin que se dé cuenta,
con la que vivo cuando estoy en babia,
la que tiene una cara indefinida
entre el ser y la nada,
la que nunca ha querido ser mi amante,
aunque nunca dejó de ser mi amada?

¿Aquella que llegó sin previo aviso
y se quedó reinando en mis montañas;
la que se desbocaba con frecuencia
a la grupa fugaz de sus borrascas,
consiguiendo enturbiar mi adolescencia
mil veces para luego remansarla?

Esa eres tú, puedo reconocerte
buscándote en el hoy,
y en el ayer,
y en el mañana….

Por San Juan

Por San Juan me escribirás
una carta de colores.
Mándala con sello urgente
que yo me muero de amores.

I

Anda diciendo tu madre
al corrillo de la esquina
que los amores pasados,
al venir otros, se olvidan,
yo nunca podré olvidarte
porque te sentí llorar
cuando sellamos con besos
la promesa de esperar.

Por San Juan me escribirás
una carta de colores...

II

Poco a poco voy andando
la ilusión de mi camino
pues cada día es un paso
que me va uniendo contigo.
Soy esclavo de un recuerdo
que nunca podré olvidar.
Me rescatará tu carta
la mañana de San Juan.

Por San Juan me escribirás
una carta de colores......

Despedida

I

Suena triste esta canción
con sabor a despedida
porque hay una sinrazón
que galopa el corazón
y en sus huellas siembra heridas.

II

Es inútil avivar
las hogueras que han ardido
porque el tiempo es tan fugaz
que no hay llama en el fanal
ni en las ascuas del olvido.

En la selva del recuerdo
pajarean mil palabras,
pero a la hora de cantar
yo no las puedo apresar
o no sé cómo expresarlas.

III

Suena triste mi cantar,
río de melancolía,
sus lamentos van al mar
sobre espumas del cristal
de las lágrimas perdidas.

IV

Es difícil olvidar
los paisajes del camino
si los puedes contemplar
con quien cruzas por azar
las andanzas del destino.

V

Las notas que esta canción
va arrancando a la memoria
suenan tristes para mí,
suenan tristes para ti,
y entristecen nuestra historia.

Cuento para una Navidad

I

Era un mayor que soñaba
con un bajel sobre el mar,
con alas de una gaviota
y con sirenas sin par.

Quiere seguir a las aves,
quiere alejarse del sur:
cruzando tierras y mares
sobre corceles de azul.

Pero burlando el destino,
en invisible pasar,
viene la niebla del sino
borrando el camino
que quiso soñar.
Le han condenado a soñar.

II

En su paisaje hay ausencias
en donde acecha el dolor
y un horizonte quebrado
donde se estrella la voz.

En su belén no hay campanas
ni música celestial:
sólo pilatos y herodes
que han secuestrado la paz.

Ni en el oriente unos Magos
ni en occidente un tío Sam,
ni caminos con estrellas,
desiertos con huellas
ni estelas con mar.
No tiene estelas su mar.

Que te quiten lo bailao

Hoy he cogido la guitarra,
voy a cantar sentimental,
es la canción de despedida,
entre alegre y dolorida,
de una vida laboral.

Hoy canto con melancolía,
hay un amigo que se va,
es quien nos va abriendo un camino
que las leyes del destino
de nostalgias cubrirán.

Estribillo

Todos los aquí presentes
y alguno que estando ausente
su presencia ha disculpao,
levantamos nuestras copas
que se abrazan jubilosas
con el nuevo jubilao.
Hoy te damos la partida
para vivir otra vida
porque te han seleccionao,
y tendrás que competir
en la forma de vivir
con el joven más pintao,
y queremos que ganéis
y ganando disfrutéis
y que te quiten lo bailao.

Milonga

I

Tengo el gusto de empezar
a cantar esta milonga
con el ruego de que pongas
en mi verso tu pasión.
Escucha con atención
esta voz de la experiencia
que ha aprendido de las ciencias
menos que del coscorrón.

Ahora que ya eres mayor
te voy a dar un consejo
antes de que te hagas viejo
y no puedas disfrutar.
No te tiene que pasar
como al perro del espejo
que, persiguiendo reflejos,
se quedaba sin cenar.

Ocho horas para Morfeo
y otras tantas «pal» trabajo,
dígame usted qué «carajo»
pinto yo en este rodeo
si no tengo «minuteo»
para dedicarme a Baco.

II

De este corcel jubilar
puesto ya el pie en el estribo
esta milonga te escribo
incitándote a trotar.
No me debes defraudar
haciéndome caso omiso,
no necesitas permiso
para poder disfrutar.

Yo también tuve veinte años,
aunque parezca mentira
y disfruté de la vida,
pero con moderación.
Busqué la satisfacción
de los placeres primarios
y aplacé los secundarios
para mejor ocasión.

Y ahora que ya soy mayor
me voy a dar un consejo
antes de que me haga viejo
y no pueda disfrutar.
A mí no me va a pasar
como al perro del espejo
que persiguiendo reflejos
se quedaba sin cenar.

No nos tiene que pasar
como al perro del espejo
que persiguiendo reflejos
se quedaba sin cenar.

Canción

Cuenta una vieja leyenda
que escuché en algún lugar
que una gaviota y un niño
se encontraron junto al mar.
Pronto se hicieron amigos
prometiendo por igual
que él la enseñaba a ser niño
si le enseñaba a volar.

Fueron pasando los días
y aprendiendo la lección
la gaviota se hizo vieja
y el niño se hizo mayor.

Una tarde, junto al mar,
acordaron el adiós;
ella se fue con el viento
y en el viento se quedó.

Se hizo el niño marinero
y por los mares se fue,
y preguntaba a las olas
si ellas la vieron caer.
Una noche que soñaba
en su sueño naufragó.
Y una gaviota en sus alas
hasta el puerto le llevó.

La mañana le envolvió
con su lento clarear
y el marinero soñaba
que su sueño era verdad.

Biografía para una canción

I

Esta historia que ahora cuento
sucedió en cualquier lugar,
es la historia de un cualquiera
cuyo nombre usted pondrá.
Le salieron mal las cosas
y las tuvo que olvidar
con cazalla y vino tinto
que le sirven en el bar.

II

Se marchó joven del pueblo
y se vino a la ciudad,
trabajando donde pudo
malvivió para medrar.
Se casó a los veinte años,
pues se tuvo que casar,
y cada año que pasaba
en su mesa había uno más.

Siempre anda solo, acá y allá,
no tiene tiempo para soñar.

III

Nunca tuvo un buen trabajo
ni nació para robar;
su destino fue ser pobre
y de pobre no saldrá.
En su casa ya no se habla,
si se habla es para gritar,
y sus hijos están tristes
sin muñecos y sin pan.

IV

Su mujer se ve a escondidas,
(es la forma de pagar),
con el dueño de la casa
y quizás con alguien más.
En la calle le señalan
y le humillan en el bar,
y él, bajando la cabeza,
bebe..., paga... y se va.

Esta historia que ahora cuento
sucedió en cualquier lugar,
es la historia de un cualquiera
cuyo nombre usted pondrá.

El molino

Por el sendero que baja
desde el pueblo hasta el molino
han crecido hierbazales
entre abrojos y entre espinos;
no bajan los labradores
contando por el camino,
no bajan con sus carretas
ni las mulas con el trigo.

Se ha quedado triste el valle
y el paisaje está sombrío,
duerme la prisa en el aire,
ya la rueda ha envejecido;
sobre la vieja cornisa
de ladrillo enmohecido
hay despojos de unas aves
que emigraron a otros nidos.

Noria de antiguos recuerdos
son los álamos del río,
sacan nostalgia a mi pecho
robándole al viento gritos.
El molino de mi aldea
se sumerge en el olvido
ocultando su silueta
entre los zarzales tímidos.

Cuando florezca el almendro
en la cuna del plantío
van a cantar los jilgueros
alegrándose conmigo,
y un traje roto que guardo
en el armario de niño
lo coserá la cigüeña
con la aguja de su pico.

Las niñas de Serrano

I

¿Quién no ha oído hablar
en la barra de un café
o en una terraza
a unas niñas bien
que viven en Serrano
y tienen un cupé
y, para el verano,
tienen un chalet?

Y tienen chachas
para cocinar
porque las niñas
tienen que ligar.

II

Dicen muchas cosas
que no son verdad
y sólo las dice
por aparentar;
sus papás son suecos,
danesas sus mamás
y hasta su abuelita
nacida por allá.

Y son de Soria
o de Badajoz,
que, al fin y al cabo,
es mucho mejor.

III

Se acuestan a la una,
se levantan a las diez
cuando ya sus «chachas»
les han servido el té.
Después dan un paseo
con su perrito inglés,
que es mezcla de bulldog
y setter irlandés;

y es un podenco
que les regaló
algún arriero
o algún pastor.

IV

Al pasar de moda
se tienen que casar
y buscan donde pueden
un hijo de papá.
Se casan en San Pablo,
aparecen en el «Ya»,
y dan una gran fiesta
en la Alta Sociedad.

Si tienen niños,
como manda Dios,
los alimentan
con «pelargón».

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